El Pasticho…



Cada mañana me levanto muy temprano, aquí en mi ciudad, no hay gallos así que no puedo decirte si me levanto antes o después de que ellos canten, como escritor, debería describirte mi rutina de aseo matutino, pero mi educación londinense dicta que un caballero no comenta este tipo de actividades, así que una vez acicalado, salgo camino al trabajo y voy pensando, que mas puedo hacer con los proyectos, que se esta escapando, que estoy dejando pasar, solo la belleza de la mujer venezolana me saca de mi abstraccionismo, que bellas son, “Dios”, rubias, morenas, negras, altas, bajas, gordas, flacas, balurdas o sifrinas, todas son bellas y es casi imposible ignorarlas, en lo personal tengo debilidad por un tipo de mujer en especifico, recuerdo que padezco esta debilidad desde muy joven, desde que estaba en el colegio, ella. era tan delicada, tan elegante, se ría solo lo justo y necesario, siempre estaba peinada, ligeramente maquillada y perfumada, recuerdo, como le molestaba hacer deporte, no soportaba el sudor en su rostro y yo no soportaba a los babosos que siempre la rondaban, era de voz grave, la imagen que te hacías de ella si la conocías por teléfono, no tenia nada que ver con la persona que posteriormente te encontrarías, te desarmaba con su sonrisa, con esa forma tan particular que tenia de bajar la mirada cuando sonreía, catorce veces le dije que quería hablarle y nunca me atreví a decirle que estaba enamorado de ella. Cuantas cosas hice por demostrarle mis capacidades, durante todo el bachillerato fui delegado de curso y presidente del centro de estudiantes, gane medallas en todos los deportes, funde el grupo de teatro, la sociedad bolivariana y el club de lectura, los torneos interclases y el centro de ex alumnos, en cierto modo, la pasión por la lectura me la engendró ella, pasábamos horas hablando de los libros que la censura paterna nos ocultaba, el diario de Ana Frank, la religiosa, media noche en el jardín del bien y el mal, Papillon, el arte de la guerra, El Viejo roble, La Granja, recuerdo que leíamos las historietas de Garfield en Ingles cuando aun el gato era un perfecto desconocido por estos lares, ahora entiendo por que odio los lunes y por que adoro el pasticho (Lasaña), yo me gradué un año antes que ella y aun así me pidió que le ayudara con la tesis, el tema era un escándalo para la época . “El Placer Sexual”, lo curioso no es el tema de su tesis en si, si no que mientras sus compañeros se excitaban con las investigaciones y terminaban en una orgia colectiva, ella y yo pasábamos horas tratando de descubrir por que alguien desea y ama, por que eres capaz de entregarte totalmente a una persona, mientras que te limitas con otra, por que permites que alguien bese aquellos lugares que ni siquiera sabias que existían y por que a otra solo le permites tu cuelo y tus labios, como me encantaba hablar con ella y como le encantaba a ella recostarse en mi pecho de manera que los dos pudiéramos leer el mismo libro, la verdad yo leía mucho mas rápido que ella y se que ella leía varias veces la misma pagina con tal de no romper nuestro momento, recuerdo su cabello ondulado, era tan profuso que nos acaloraba, yo lo tomaba en mis manos lo levantaba de manera de exponer su nuca, tomaba un hielo del vaso de Nestea y lo frotaba en su nuca, al principio se alejaba por el frio y cuando su piel se acostumbraba se dejaba caer hacia mi, cuantas veces puse el hielo en mi boca y acaricie su cuello con mis labios, cuantas veces se durmió en mis brazos, cuantas veces me dormí en los de ella, ella me enseño que el compromiso y la responsabilidad se asumen, no se pregonan, nunca nos dijimos una sola palabra sobre lo que era o no era nuestra relación pero siempre la respetamos como si lo hubiésemos hablado, al final se graduó y se fue a Europa, que triste fue el día de su partida, llegue a su casa y ella lloraba, sentada encima de la maleta, hacia pocos meses que su madre había muerto, le pregunte -que pasa?- y me respondió: “ no puedo hacerlo”,-“ es mas complicado de lo que creí”, así que camine hasta la cocina tome la bandeja y bote toda la pasta que había cocinado y le dije:-“ yo lo hago bonita y veras que queda tan rico como aquellos pastichos que hacia tu mami…-“ …la verdad no se si el pasticho quedo tan rico por el aderezo de lagrimas que nos esmeramos en agregarle o es que en verdad desde aquella época ya tenia la espinita de la cocina, allí sin saberlo me enseñaste a que no importa que sepas que no vas cambiar el resultado , que no importa que la decisión que se haya tomado no nos guste, siempre se pueden corregir los errores y que las cosas que hay que hacer, hay que hacerlas…
…Aun te espero bonita y siempre tengo un libro en la mesa de noche y un pasticho en el congelador por si me llegas de sorpresa…

Noel Lander